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LA CANELA
Extraído de "DICCIONARIO DEL GOURMET"
- Eduardo Méndez Riestra
"La auténtica canela provino
inicialmente de la isla de Ceilán (actual Sri Lanka). Con
posterioridad empezó a cultivarse en la India, Malasia,
Java, Madagascar, Islas Mauricio y Seychelles e incluso América
(Brasil, Guayana, Antillas...). Históricamente se la ha
confundido en ocasiones con la casia (Cinnamomum casia), de
inferior calidad aunque de la misma familia y originaria de
la China.
Se obtiene de las ramas de diversos
arbustos del género Cinnamomum, en especial el zeylanicum y
el verum, de tipo leñoso, muy aromático y de la familia de
las lauráceas. Una vez seca y desprovista de su epidermis
(muy astringente),
la corteza más interior se enrolla sobre sí misma y forma
una especie de tubitos. De la palabra italiana que se
utilizaba para designarlos, cannella, `cañito´, deriva su
nombre español y francés cannelle. Su color es
inicialmente blanquecino, pero deviene amarronado claro tras
la desecación. El sabor es cálido, dulce y pronunciado,
picante y amaderado.
En cocina se utiliza tanto en rama
(palitos) como en polvo (molida), aunque hoy en día está más
extendida esta segunda fórmula por su mayor comodidad.
Tradicionalmente ha venido siendo en muchos países compañera
indisociable del arroz con leche y de la compota, lo que no
excluye otros diversos y frecuentes usos en repostería
(cremas, torrejas, bizcochos, pasteles, etc., e incluso
chocolate a la taza). Con platos salados resulta hoy
infrecuente en el área occidental (determinadas recetas de
caza, algún que otro guiso), aunque no así en ciertas
preparaciones de algunos países árabes o asiáticos.
Es cinnamon para los ingleses y Zimt para
los alemanes."

Especias:
AZAFRÁN
Extraído de "Diccionario del Gourmet" de Eduardo
Méndez Riestra
Ya Homero cita en La Ilíada este condimento
considerado como la especia más cara del mundo, pues se
necesitan unas 76.000 flores para lograr menos de medio
kilo. Se obtiene mediante desecación de los estigmas del
crocus sativus
conocido como “la rosa del azafrán”, aunque su aspecto
tenga poco que ver con una de ellas y sí mucho más con la
del cólquico o “azafrán de los prados”-, una planta
que florece en otoño, de color azul-rosa-violáceo, y ya
cultivada en la antigua Asia Menor, desde donde pasó a
Egipto, Grecia y Roma. En España se cultiva desde el siglo
X, introducida con probabilidad por los árabes, aunque
ya
san Isidoro de Sevilla la cita en el siglo VIII. A Francia y
Alemania llegó un siglo más tarde, en el IX, mientras que
a Gran Bretaña e Italia no lo haría hasta el XIV, desde
España en todos los casos (a este último país llegó a
través del comercio catalán con Nápoles). No obstante,
para algunos europeos refinados el azafrán, dado que desde
el siglo XVI era popular por su abundancia, pasó a
representar
un signo de cierta vulgaridad.
Los países productores más importantes son
hoy España, Francia, Grecia, Marruecos, Turquía, Irán y
Cachemira, si bien el proveniente de La Mancha española es
considerado el mejor del mundo. Sus principales zonas de
cultivos están en torno a Consuegra (Toledo), Manzanares
(Ciudad Real), Motilla del Palancar (Cuenca) y La Roda o
Tarazona de la Mancha (Albacete). Toussaint-Samat asegura
que “el de Valencia es el más famoso”.
Son abundantes las imitaciones y los sucedáneos,
el más conocido de los cuales es la curcuma longa o
“azafrán de la India”, cuyos rizomas molidos se emplean
como colorante vegetal. En otros casos se utilizan hebras
(estambres) de flores que se le asemejan. Pero nada puede
reemplazar a la finura de un toque de auténtico azafrán en
platos como la paella, la fabada, la bullabesa provenzal o
una pepitoria, por no citar más que unos pocos, dado su
gran peso
histórico en nuestra cocina.
Su nombre castellano procede del árabe az-za
faran, lo mismo que el francés y alemán (safran en ambos
casos), el inglés, saffron o el italiano zafferano. Para
los latinos, sin embargo, era el crocus.

Especias: ANIS -
Diccionario del Gourmet - Eduardo Méndez
Riestra
Originario de Oriente Medio, se supone que
fueron los árabes quienes lo introdujeron en España como
especia. Los romanos parecen haberlo llevado a Italia a través
de la Toscana. En Roma se empleaba para aromatizar bizcochos
y en la época medieval se elaboraba con él un dulce
recubierto de azúcar.
Se extrae de una planta de la familia de las
umbelíferas (Pimpinella anisum), de la que se utilizan las
semillas, pequeñas y oleaginosas. Desde siempre se le han
atribuido funciones digestivas; de ahí la costumbre de las
infusiones anisadas tras las comidas o los aperitivos a base
anís que tanto ha practicado el pueblo francés (Pernod,
Ricard y otros pastis).
Hay dos tipo de anís: el verdadero, con forma
de granos ovales y estriados, y el estrellado, que es
originario del sudeste asiático, constituido por los frutos
de un árbol de la familia del magnolio (Illicium verum).
Estos frutos, secos, tienen forma de estrella de ocho puntas
y cada uno encierra una semilla en su interior (suele
molerse todo el fruto para su utilización).
Tanto en uno como en otro caso, el anís
emparenta por su sabor dulce con el regaliz, el hinojo y el
eneldo. Es la base tradicionales destilados en España y
Francia (anises, anisettes y pastis), así como del ouzo
griego. También es frecuente su empleo en pastelería y
panadería, lo mismo que para elaborar caramelos o jarabes
medicinales. En cocina se utiliza en algunas sopas y guisos
de carácter más exótico que autóctono.

BOLAS DE ARROZ CON MEMBRILLO
El Gran Libro de la Cocina Asiática - Col. GOURMET
- ED. EVEREST
Ingredientes:
Para las bolas de arroz:
- 400 g. de
membrillo.
- 200 ml. de vino
blanco.
- Zumo y
ralladura de ½ limón no tratado.
- ¼ l. de leche.
- ¼ l. de nata.
- Pulpa de ½
vaina de vainilla.
- 5 cm. de canela
en rama.
- 100 g. de azúcar
- pizca de sal.
- 200 g. de arroz
con leche.
- 3 yemas
- 1 clara.
Para la jalea de saúco:
- 100 g. de
manzana.
- 300 g. de
granos de saúco.
- 150 ml. de vino
tinto.
- 75 ml. de zumo
de naranja recién exprimida.
- 3 clavos
- 110 g. de azúcar.
- 1/8 l. de nata.
Además:
- ¾ l. de leche.
- ½ vaina de
vainilla.
- 1/8 l. de
leche.
- 20 g. de azúcar.
- Crocante para
espolvorear.
Preparación:
Eliminar con un paño la pelusa de
los membrillos, pelar las frutas, partirlas a la mitad,
quitarles el corazón y cortarles la carne en trozos pequeños.
Calentar el vino con el zumo de limón, hirviendo en la
mezcla los membrillos 5-8 minutos. Pasar por un colador y
recoger el líquido de la cocción. En una cacerola
resistente al fuego, poner a hervir leche con la cáscara de
limón, nata, pulpa de vainilla, canela en rama, 60 g. de azúcar
y sal. Dejar caer el arroz al tiempo que se remueve, reducir
la intensidad del fuego y hervir 25 minutos. Mezclar el líquido
del membrillo y terminar de hacer el arroz, dejándolo 20
minutos en el horno precalentado a 150º C. Sacarlo
finalizado el tiempo, incorporar los trozos de membrillo y
las yemas y dejar que la preparación enfríe.
Para preparar la jalea, pelar las
manzanas, trocearlas en cuartos, quitarles el corazón y
partirlas en gajos. Quitar los rabos a los granos de saúco,
limpiarlos, lavarlos y dejarlos escurrir. Poner a hervir en
una cacerola el vino tinto con el zumo de naranja, el azúcar
y los clavos. También, dejar hervir (otros 4-5 minutos) los
granos de saúco y los gajos de manzana. Retirar los clavos
y dejar que la jalea de saúco enfríe. Retirar la rama de
canela del arroz una vez hervido.
Batir la clara a punto de nieve con
el azúcar y mezclarla con el arroz dispuesto en una fuente.
Llevar a ebullición la leche con la vaina de vainilla y,
luego, reducir el calor. Con las manos humedecidas, formar 8
bolas ovaladas de la masa del arroz; dejar que se hagan 12
minutos en la leche caliente. Batir la bata con azúcar,
hasta lograr una consistencia semi-rígida, y verter en
platos la jalea de saúco. Poner las bolas de arroz,
espolvorear crocante y servir.

EL RESTAURANTE GASTRONOMICO: Un
teatro con dos funciones diarias
Ferran Adrià - Los secretos de El Bulli
“Al hablar de un restaurante
gastronómico suelo efectuar un símil que me parece
altamente ilustrativo. Un establecimiento de este tipo se
asemeja en muchos aspectos a un teatro. Como en éste, los
momentos más importantes son
dos, la preparación y ensayo, o mise en place, y la
“representación” propiamente dicha, el pase.
La mise en place de un restaurante
incluye operaciones de preparación, control y supervisión,
destinadas a garantizar que cuando llegue la hora del pase
éste se produzca con el ritmo adecuado, tanto en la cocina
como en el comedor. El tiempo de duración de dichas
operaciones varía según el tipo de restaurante, las
instalaciones de cocina de que se disponga y el número y
categoría de los integrantes del personal. Pese a tratarse
de una fase de nuestra actividad diaria que exige una menor
concentración que el pase, debe realizarse con gran
exactitud y cuidando todos los detalles (vestuario,
preparación del escenario, coordinación de los cocineros y
camareros, etc.), para que al final de la función el público
quede satisfecho con el guión, con la habilidad del
cocinero e incluso con la profesionalidad y amabilidad no sólo
de los protagonistas, sino también de los actores
secundarios.
Cuando llega el momento del pase la
actividad se torna febril. La experiencia de asistir a una
de estas “representaciones” en un restaurante gastronómico
es enormemente recomendable, pues la mayoría de la gente
ignora muchos aspectos de su funcionamiento. En un
restaurante como El Bulli, en el que el personal del comedor
y el de la cocina alcanza las cincuenta personas, la
coordinación debe ser total, pues un pequeño fallo en el
eslabón más insignificante de la cadena puede trastocar
toda una obra. Por otra parte, el nivel de exigencia de un
comensal que acude a un restaurante de este tipo suele ser
muy alto. Mientras que todo el mundo está acostumbrado a
aguardar en la sala de espera de una consulta médica, por
ejemplo, el peor enemigo de un restaurante es la tardanza en
el servicio. Este ritmo trepidante garantiza buena parte del
éxito del establecimiento, pero al mismo tiempo ocasiona un
enorme cansancio en el personal. Puedo afirmar que si todo
ello se produjera una sola vez al día, el esfuerzo sería
mucho más llevadero, pero en casi todos los restaurantes se
realizan dos servicios cotidianos. Acaso sería interesante
asemejarse cada vez más a algunos teatros, por ejemplo
limitando el número de funciones diarias a una sola.”

E S P U M A S - Un
nuevo concepto.
Ferran Adrià - Los secretos de El Bulli
“Sin lugar a dudas, durante los
dos últimos años, las “niñas mimadas” de la cocina de
El Bulli han sido las espumas, un concepto revolucionario y
ciertamente polémico en ámbito gastronómico. Se ha
llegado a comentar que existe el riesgo de que las espumas
se introduzcan de manera exagerada en los restaurantes, sin
tener en cuenta que, por ejemplo, los helados también se
encuentran en toda clase de establecimientos de restauración
y nadie se escandaliza. El punto óptimo de empleo de las
espumas llegará, sin duda, con el tiempo, y finalmente debe
reinar, como en todo, moderación.
¿Qué son las espumas? Se trata de
un concepto nuevo desarrollado a partir del de la mousse,
pero en el que se suprimen la nata, los huevos y cualquier
otro producto que pudiera disminuir el gusto del producto
que represente la base de la preparación. La creación de
las espumas es una idea que me estuvo rondando la cabeza a
lo largo de varios años en los que consumí mousses pesadas
y sin gusto. Después de trabajar en las posibilidades que
podían ofrecer, llegué a la conclusión de que mientras
hubiera tantos ingredientes en la mousse, aparte del
producto que constituía la base de la misma, era imposible
llegar a un sabor puro.
Cuando conocí la existencia del
sifón ISI, cuya finalidad era, en un principio, la de
montar nata, supe que había encontrado la máquina perfecta
para hacer realidad mi idea. Gracias a esta máquina, las
espumas pueden ser de verdura, de frutas, de frutos secos,
de hierbas, de especias y aún de otros productos que
especificaré en un gráfico que aparece más adelante.
La receta básica de las espumas se
limita a un litro de puré o de zumo gelatinado del producto
deseado; una vez introducida esta cantidad en el sifón, se
incorpora aire. El resultado es una preparación de una
textura (nunca mejor dicho) aérea, adjetivo que adopta en
las espumas su máximo significado.
Con el paso del tiempo me he dado
cuenta de que el sistema se puede aplicar igualmente para
aligerar las cremas y variantes de pastelería. Los
merengues se hacen más rápidamente, las cremas catalanas
son más ligeras, las
cremas inglesas montadas pueden reemplazar a las cremas
convencionales. Estas combinaciones, junto a muchas otras,
propiciarán que esta innovación se convierta en una de las
técnicas a tener en cuenta en la cocina del siglo XXI.”

E L G U S T O
Ferran adrià Los secretos de El Bulli
“ ... el sentido que más participa en el acto de comer es
el gusto. Esta palabra adopta, en castellano, varios
significados. Gusto se refiere por un lado a una función
fisiológica mediante la cual podemos percibir unos estímulos
que nuestro cerebro procesa. Por otro lado designa las
características que presenta un plato y que son percibidas
por el sentido del gusto; en este caso, gusto es sinónimo
de sabor. Por último, el gusto es el conjunto de parámetros
culturales, estéticos y de hábito que nos permite juzgar
no sólo un plato, sino cualquier otra
manifestación natural o debida a la acción humana. En
estas líneas nos ocuparemos del gusto estrictamente como
sentido.
Las sensaciones gustativas que
aparecen cuando se está comiendo un plato se pueden
enumerar del siguiente modo:
1. Percepción de los gustos
primarios: dulce,
salado, ácido,
amargo. Percepción de los matices:
agrio,
astringente, picante, balsámico, etc. (se
trata de aspectos
cuya definición sigue esperando
una clasificación
satisfactoria. Pese a ello, he
optado por
englobarlos en el sentido del gusto).
2. Identificación del sabor
característico de cada
alimento, más
allá de las impresiones relacionadas
con los gustos
primarios.
3. Apreciación de la armonía
existente entre los
elementos. El
gusto percibe unos datos sin tener en
cuenta el mayor o
menor acierto de las
combinaciones. El
posible acuerdo con la armonía
que se presente
lo procesa el cerebro.
En definitiva, haciéndome eco de
las tres acepciones que la palabra en cuestión adopta en
castellano, afirmaré que, mediante el sentido del gusto
(sentido fisiológico) puedo apreciar cuál es el gusto
(sabor) de un plato, y decidir si me gusta (apreciación
intelectual, subjetiva).”

Farfales con Salsa de Carne y Yogur
De: El Gran Libro de las Pastas - Editorial EVEREST
Breve Comentario:
Esta receta turca se llama “Mankarna Mantisi”. En su
versión original, sólo se utiliza carne vacuna. Pero si se
mezcla con carne de cerdo, aporta mucho más sabor. Puede
disminuirse la cantidad de ajo empleado.
Ingredientes:
- 400 g. de masa de pasta nº
1 fresca.
Para la salsa de carne:
- 250 g. de cebollas.
- 40 g. de
perejil.
- 40 g. de pencas de apio.
- 200 g. de pimiento rojo.
- 200 g. de carne de cerdo.
- 200 g. de carne vacuna.
- 7 cucharadas de aceite
vegetal.
- 1 cucharadita de sal,
pimienta negra recién molida.
- 1 cucharada de pimentón
dulce.
- 1/2 cucharada de
hierbabuena picada.
- 1/4 caldo de carne.
Para la salsa de yogur:
- 200 g. de yogur.
- 1/2 cucharadita de sal.
- 6 dientes de ajo.
- Hojas de hierbabuena, para
guarnecer.
Preparación:
Moldear la masa farfales, o emplear
una pasta seca similar. Pelar las cebollas y picarlas finas.
Cortar, en dados pequeños, el perejil y las pencas de apio.
Trozar el pimiento por la mitad, desechar las semillas y las
laminillas, y partirlo en dados. Eliminar los nervios de la
carne y pasarla por la picadora.
Calentar 4 cucharadas de aceite en
una sartén y rehogar las cebollas durante algunos minutos,
sin que se doren. Agregar el perejil, las pencas de apio y
el pimiento, y rehogar 5 minutos más. Calentar el aceite
restante en otra sartén y freír la carne picada, sin que
se dore, removiendo con una espátula de madera. Añadir a
la mezcla de verduras. Condimentar con sal, pimienta, pimentón
e hierbabuena. Rellenar con el caldo de carne y cocer otros
10 o 15 minutos a fuego lento, hasta reducir el líquido
casi a la mitad.
Pelar los dientes de ajo, picarlos
muy finos, mezclarlos con el yogur y salar. Mientras tanto,
cocer la pasta en agua con sal “al dente”, colar y
servir en 4 platos. Colar aproximadamente la mitad del jugo
de la salsa y repartirla sobre la pasta.
Cubrir con la salsa de yogur y,
después, con el jugo anteriormente reservado. Guarnecer con
hojas de hierbabuena.

EMPANADAS TUCUMANAS (para 24 empanadas)
COCINAS DEL MUNDO - La Cocina Argentina (Ed. EVEREST)
Ingredientes:
= Para el relleno.
- 1/2 Kg. de
nalga de res
- 1 Kg. de
cebollitas de verdeo, con su tallo verde
- 150 g. de
margarina o grasa vegetal refinada
- 100 g. de
aceitunas
- 100 g. de uvas
pasas
- 1/2 l. de caldo
de carne
- Ají picante,
pimentón y comino
- Sal y pimienta
= Para la masa.
- 24 discos de
masa de empanadas
- Grasa para freír
Tiempo de preparación:
1 Hora y 45 minutos
Elaboración:
Picar finamente las cebollitas de verdeo junto
con parte de su tallo verde, y freírlas utilizando la mitad
de la margarina o la grasa vegetal hasta que estén
doraditas. Retirarlas del fuego y mantenerlas tapadas.
Cocer los huevos en agua con un poco de sal y
dejarlos enfriar fuera del agua, antes de pelarlos. Trocear
la carne de res en porciones pequeñas eliminando las pieles
y los trocitos de grasa que pudiera tener.
Una vez listas las cebollitas, añadir el resto
de la margarina, la carne de res troceada y limpia, las
pasas, el caldo de carne, el ají, el pimentón y el comino.
Salpimentar a gusto y seguir cocinando. Cuando la carne
cambie de color, retirarla del fuego y dejarla enfriar.
Una vez que la carne esté fría, agregar las
aceitunas y los huevos duros pelados y picados en daditos.
Para el armado de las empanadas, preparar los discos y
colocar el relleno, una vez haya enfriado, en el centro de
cada uno de
ellos.
Apretar bien los bordes de las empanadas con un
tenedor para que no se salga el relleno y freírlas en
aceite no demasiado caliente hasta que estén doradas.
Escurrirlas sobre un papel absorbente y servirlas calientes.

¿QUE DIFERENCIAS HAY ENTRE LA
"NUEZ MOSCADA Y EL MACIS"?
Texto de BLANCA COTTA
Yo que usted... ¡se lo preguntaba a la !"myristica
fragans"!, la única de las plantas que produce ¡dos
especies diferentes! La "nuez moscada" por un
lado... y por otro:¡el "macís"! Se trata del
fruto de un árbol perenne muy frondoso, originario de las
islas Banda en las Molucas o de las Islas de las Especias.
Para que lo entienda mejor: la "nuez moscada", que
usted está acostumbrada a rallar con ese rallador que no
sirve para nada... ¡es el grano de la semilla de dicho árbol!
Y el fino envoltorio que envuelve la cáscara que contiene
la semilla (conocido como "arilo") y que usted
nunca lo verá, pues la nuez moscada que le
venden ya viene pelada... ¡Es precisamente el "macís"!
Los norteamericanos usan mucho el "macís" (en
polvo, claro está) para aromatizar piezas de repostería.
Del mismo modo que para nosotros una "salsa
blanca" sin nuez moscada rallada no parece "salsa
blanca"... Pero en la antigüedad (sobre todo los
chinos, árabes e hindúes) valoraban esta especia como
medicina, para problemas digestivos, de hígado y de piel.
Aunque... ¿entre nosotras? ¡Esos deberían ser los
pretextos para usar ambos condimentos como afrodisíacos! Si
no me creen a mí, pregúntenselo a algún Cruzado!

CALAMARES RELLENOS
EL GRAN LIBRO DEL MARISCO
Ingredientes:
- Calamares de 250 g. cada uno.
- 200 g. de pan blanco sin corteza.
- 160 g. de manteca.
- 200 g. de cebollas.
- 4 dientes de ajo.
- 200 g. de puerros.
- 200 g. de zanahorias.
- 600 ml. de fondo de pescado.
- 8 cucharadas de aceite de oliva.
- 4 cucharadas de perejil recién picado.
- 4 yemas de huevo.
- Sal, pimienta blanca recién molida.
Limpiando el Calamar:
Antes de comenzar con la limpieza
del calamar es
importante conocer las partes que la componen como el
conjunto de tentáculos, la base de los mismos que es
la
cabeza, luego sigue el saco que forma el cuerpo tubular
del
calamar.
Tome la cabeza del calamar con una
mano y el saco con
la otra para luego separarlos. Realice esta operación
con
firmeza pero lentamente, la cabeza deberá arrastrar
consigo
las vísceras, no se preocupe si queda algo dentro del
cuerpo. Puede ser necesario pasar el dedo en la junta
entre
el saco y la cabeza para facilitar su separación. Las
vísceras pueden descartarse, a excepción del saco de
tinta.
La cabeza con los tentáculos se dejan aparte,
mientras
sigue limpiando el cuerpo.
Busque ahora la pluma del calamar,
un cartílago
transparente que recorre el cuerpo a lo largo. Tómela
por
el extremo y tire de ella con cuidado. Deberá salir
completa. Si llegara a partirse, extraiga el remanente
introduciendo los dedos dentro del saco.
Lo siguiente es pelar el cuerpo, es
decir extraer la
epidermis que rodea el saco. Una vez que consiguió
sujetarla, sale como si fuera un guante de goma. Enjuague
el saco para quitar cualquier impureza que pudiera
haberse
adherido a él.
Preparación:
Trocee en daditos finos el pan
blanco, fríalo despacio
en 80 g. de manteca derretida, removiendo
continuamente
hasta que se dore. Déjelo escurrir en un colador metálico.
Pele las cebollas y los dientes de ajo. Lave y limpie
el
puerro y las zanahorias. Trocéelos. Sofríalos en la
cacerola en 40 g. de manteca sin que lleguen a tomar
color.
Vierta el fondo de pescado y deje que se reduzca hasta
que
la preparación esté húmeda.
Llave otra vez las aletas y los
brazos del calamar,
luego séquelos y córtelos en daditos finos. Caliente
cuatro
cucharadas de aceite de oliva en la sartén. Fría los
trozos
de calamar poco tiempo pero con el aceite muy
caliente.
Sáquelos enseguida de la sartén y, junto con el pan
mézclelos con la verduras. Añada el perejil y la yema
de
huevo. Condimente con sal y, si lo desea, con
pimienta.
Rellene los calamares y cierre la
bolsa con palillos
de madera. Ponga a calentar las cuatro cucharadas
restantes
de aceite de oliva en un recipiente destapado y sofría
los
calamares rellenos. Póngalos al horno, precalentado
durante
20 minutos a una temperatura de 200º a 220º C.
La manteca de verduras sirve bien
de salsa para este
plato. También son muy apropiadas como acompañamiento
las
hojas de espinacas y el arroz al perejil.
Le recomendamos servir siempre los
calamares nseguida.
Si se dejan esperar, su carne se vuelve dura con mucha
facilidad.
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